Suelo ponerle tiempo a todo, fechas, minutos, años, meses que todavía no viví, pero que ya tienen importancia en el tiempo; que cuando termine esto, que cuando empiece o otro, que si mañana sucede esto entonces pasado mañana haré aquello y así sucesivamente. Es un don o un serio problema, que así las cosas no valen tanto si les pones un valor monetario en vez de un valor agregado. No serán momentos y recuerdos, si no cosas y cosas pendientes en una agenda que será sustituida el año que viene. Que me pasa lo mismo con el amor y llevo la cuenta de los besos dados, los recibidos y por supuesto, los regalados. Y así pues se vuelve más fácil ser mezquino con la vida y con todo, para mi no hay cosa que no pase por una calculadora o cronómetro previamente y ya se que así no se disfruta nada, pero hasta que no halla nadie que me asegure cuantos años, minutos y segundos voy a vivir, no creo cambiar.
El amor también es levantarse con el pie izquierdo, y verle el lado negativo a todo y poner distancia a propósito, y mirar un película de amor sola, y auto convencerte de que ya no te gusta tanto como ayer, y escuchar canciones de amores no correspondidos y no esperar siempre un final perfecto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario