El destino nos tiene preparadas muchas más cosas de las que imaginamos. El problema es que hay un momento para todo. Mas allá de la intriga que genera el no saber, y en cierta forma depende del azar; la rutina nos cierra los ojos. A veces, por miedo a lo desconocido, dejamos pasar oportunidades increíbles. Tenemos que admitir que a todos, en mayor o menor cantidad, nos da miedo lo desconocido. A veces incluso nos da pavor salir de nuestra zona de confort. Pero yo he de admitir que siempre me interesó eso de aceptar nuevos desafíos.
Este es el momento de la verdad, este es el momento por el cual esperé tanto. Me llevó veintidós años descubrir mis prioridades, veintidós años aprender que batallas pelear, que partidos jugar. Perder tanto me levantó la guardia, lo repito demasiado. Me hizo perder oportunidades, alejar a personas de mi vida. Siempre estamos aprendiendo. Nunca terminamos de descubrir como son las cosas, y puedo decir que descubrí cuales son las cosas importantes de mi vida. Saber que va en primer plano, y que merece quedarse atrás, me hace bien. Esto me hace bien.
Será que mi vida está empezando a ser lo que siempre quise que fuera. Que por fin abandoné el melodrama. Que soy capaz de soportar cosas malas, por tener a las cosas buenas de mi vida cerca. Será que cambié mi definición de problema. Será que desde hace mucho no se odiar a las personas. Que tengo a la gente justa a mi alrededor. Que salgo, me divierto, vivo. Que paso los mejores momentos cuando apago el cerebro. Debe ser por eso que no tengo mucho que escribir. Debe ser por eso que puedo decirle adiós a todo lo que me hizo mal.

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